¡Todo el mundo ha hecho esta receta! (Al menos en el mundillo de la blogosfera...)
Yo me había resistido. Creía que podría darle esquinazo a la
tentación. Pero no. Ya lo sabéis, soy débil, muy débil, y cuando
se trata de dulce, ¡mega-débil!!
La verdad es que es un poco engorrosa de hacer, más que nada por
el baño maría y que hay que montar las claras a parte, con lo
cual ensuciamos unos cuantos cacharros.
Pero, de verdad, ¡cómo merece la pena!! ¡Está buenísima!!.
Eso sí, yo os recomiendo hacerla, dejarla enfriar y comerla, ya
que al contrario de otras tartas de queso, ésta pierde muchísimo al
enfriarse en la nevera. Pero esto es mi opinión oye, que igual a
vosotros os gusta más fresquita y consistente. Eso ya, lo dejo a
vuestra elección.
¡Ale! ¡Vayamos con la receta!!!:
- 60 g de harina.
- 250 g de queso fresco para untar.
- 50 g de mantequilla.
- 100 ml de leche.
- 60 g de maicena.
- 1 cucharada de zumo de limón.
- Una pizca de sal.
- 140 g de azúcar blanco.
- Un sobre blanco gasificante.
Precalentamos el horno a 160 ºC e introducimos la bandeja con el
recipiente lleno de agua donde vayamos a poner el molde con la tarta.
Separamos las claras de las yemas.
En un bol batimos el queso, la mantequilla y la leche hasta que
estén todos los ingredientes bien integrados.
Tamizamos la harina y la maicena e incorporamos a la mezcla
anterior junto con las yemas, el zumo y la sal. Mezclamos bien.
Montamos las claras a punto de nieve con el gasificante y vamos
añadiendo poco a poco el azúcar.
Añadimos las claras a la mezcla de queso con una cuchara y
movimientos envolventes.
Metemos en el horno al baño maría unos 55 minutos.
Pasado este tiempo apagamos el horno y dejamos que se enfríe
dentro. Sacamos del horno, desmoldamos y comemos con desenfreno.
¡Ñam!!
Besazos.
Eva.





